Castillos en el aire.

¿Nunca has tenido la extraña necesidad de sentarte e imaginar cómo sería tu vida de esta u otra manera? ¿Nunca te has puesto a pensar qué harías para conseguir lo que quieres?

Pues ese es el caso de Ela. Ela,  es el nombre que le dí a la niña de mi versión de “El cuento de la lechera”, que por si no lo habéis leído os dejo aquí.

A final de cuentas, Ela solo es una persona como otra cualquiera a la que le encanta soñar despierta. Le fascina pensar cómo va a ir haciendo todas las cosas para conseguir lo que desea. Podemos resumirlo en la expresión “hacer castillos en el aire”. El problema de hacer un castillo en el aire, es que no tiene cimientos, se construye en un momento y se puede caer al siguiente.

Y este, es el problema que tenemos muchos. Nos encanta pensar, “si hago esto, me esfuerzo mucho en tal cosa, pues luego me ocurrirá la otra y entonces…..” ¡zasca! realidad al canto.

Las buenas ideas, los buenos propósitos son importantes porque nos hacen querer progresar, nos mantienen vivos ¿pero cuál es el gran inconveniente? Al tener tantas cosas en mente que queremos hacer, no acabamos haciendo ninguna porque nos dispersamos, porque queremos que todas esas buenas cosas ocurran de un momento a otro, ser o hacer lo que queremos en el transcurso de un mes y eso, no es posible. Conocemos gente que llegó a lo más alto, que consiguió todo lo que nosotros anhelamos y… llegaron ahí sin esfuerzo, porque todo les fue bien, tuvieron suerte y… ¡y una mierda!. Cuando llegas a la cima de la montaña no te detienes a contar todas las dificultades que tuviste, no cuentas los años que has estado levantándote cada día a las cinco de la mañana para entrenar, los disgustos, el miedo de escurrirte y caerte por el precipicio… Todo ese esfuerzo, esas dificultades se quedan ahí, en el tintero y solo se aprecia lo que has conseguido al final. Entonces empiezan las falsas creencias.

Vivimos en la sociedad del ahora. Si escribo un tweet o un post de Facebook, quiero feedback en los próximos dos minutos. Si escribo un correo electrónico espero respuesta como máximo al día siguiente. Si te escribo un whatsapp, no tardes más de tres horas en contestar porque me enfado. Si empiezo a ir al gimnasio quiero resultados en un mes… ¿qué sentido tiene? No hace tanto tiempo, llamábamos más por teléfono, nos llenaba más quedar para tomar un café con un amigo que recibir un mensajito en el teléfono, nos emocionábamos al recibir una carta (si, uno de esos sobres prehistóricos de papel por los que había que esperar respuesta hasta dos semanas), teníamos otro tipo de paciencia ¿y ahora?. Ahora una gran parte de lo que hacemos lo queremos YA.

Por otro lado, tenemos esas pelis en las que el prota consigue esa beca tan ansiada en Harvard en una secuencia de escenas de cuanto… ¿un minuto? Ahí empieza la falsa creencia (inconsciente) de que puedes conseguir lo que quieres esforzándote una semana, cuando en realidad las cosas que de verdad merecen la pena, suelen costar muchos años de esfuerzo, preocupaciones, de tomar riesgos grandes, de hundirte, de tener curros de mierda… ¿me explico?

Entonces, empezamos con todas esas buenas intenciones, hacemos planes para conseguir esas grandes cosas y al poco tiempo aparecen las excusas, los “es que no tengo tiempo”, “es que tal persona tiene ayuda”… para al final rendirnos, porque todas esas cosas nos requieren esfuerzo. Creo que ya es bien sabido que ese es el problema de las dietas para adelgazar. No puedes perder en una semana o un mes lo que has estado acumulando durante años, entre otras cosas porque no es sano y porque es inútil. No eres una habitación que puedas limpiar y ordenar en un ratito. Es probable que consigas perder algo de peso en ese mes, pero al final volverás a hacer exactamente lo que hacías antes de la dieta y volverás a recuperar el peso ¿qué sentido tiene? ¿no sería mejor (y más saludable) cambiar tu estilo de vida? Con esto no me refiero a un mes, sino a hacerlo de por vida. El gran fallo de una dieta es la dieta en sí misma, esa mentalidad de que “solo tienes que esforzarte un mes y todo será maravilloso”. Como ya he dicho, no tiene sentido. Las grandes cosas, por las que merece la pena luchar, requieren una mentalidad de “para toda la vida”

¿Entonces es malo hacer castillos en el aire? Como ya he dicho, es importante tener esas metas, porque te ayudan a saber qué te gustaría hacer, pero siempre teniendo presente que un propósito no es suficiente para conseguir lo que se quiere. Que para conseguir algo hace falta empezar a hacer cosas para conseguirlo, cosas que puedas cumplir, no solo dejar tus pensamientos flotar y cuando quieras darte cuenta llevarte un guantazo de realidad. Esto es lo que le pasa a Ela, la protagonista de “El cuento de la lechera”, que mira más allá, que sueña con conseguir las cosas de forma sencilla, rápida y sin problemas, para al final quedarse decepcionada al no obtener nada.

Resumiendo, este es uno de nuestros grandes problemas, el pensar que podemos cambiar cosas en un momento y sin problemas. Ese y el sentimiento de satisfacción efímera al llegar a la meta.

¿Qué es ese sentimiento de satisfacción efímera del que hablo? Si quieres saberlo tendrás que esperar al próximo post para descubrirlo, ¿te imaginas qué es? Escríbelo en los comentarios.

Un abrazo, ¡nos leemos pronto!

Anuncios

Un pensamiento en “Castillos en el aire.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s